Apego, Crianza y Lactancia Materna

Como criar niños sanos y felices para que se trasformen en los mejores adultos posibles de la próxima generación, sin renunciar en el intento a su vida y desarrollo personal.....

19 julio 2005

  • Historia Personal: Método Canguro

  • Mi Relación con la Maternidad

    Un par de veces Graziana mi monitora de la liga de la lactancia materna me pidió que escribiera esta historia para que pueda servir de ejemplo para muchas madres, me comprometí pero recién hoy que mi hija Natalie tiene 2 años puedo comenzar este relato.

    El deseo de ser madre me vino con fuerza en el funeral de mi tía abuela paterna, ella moría sola sin hijos ni marido, yo me sentía la persona más cercana, de hecho era la única que la visitaba en el asilo de ancianos todas las semanas. Al ver caer su ataúd dentro de la tierra decidí con conciencia y con deseo ser madre. Se lo propuse a mi pololo, él aceptó y nos pusimos en campaña.

    Fui a un ginecólogo naturista para que me aconsejara en la preparación y me recetó: acido fólico, telas de algodón, jabón con ph neutro o 5, agua filtrada, comida especial (aceite crudo prensado en frío, disminuir colorantes, aluminio, frituras, grasas, comer verduras surtidas, etc.). Natalie tendría todo lo necesario para ser acogida en un ambiente sano, dispuesto lo mejor posible para ella. Pasó un mes y medio desde que dejé las pastillas y en el día 14 del ciclo menstrual quedé embarazada.

    No supe de mi embarazo por que ese mes menstrué igual, aunque me sentía algo extraña, el día 15 renuncié a un trabajo muy estresante (una de las cuatro actividades que realizaba), andaba muy sensible, con ganas de comer cosas que nunca antes me habían apetecido, por primera vez me mareé en un viaje en auto y la menstruación era muy larga casi 10 días sangrado a gotitas. Así que, recomendada por una amiga, me hice un test de embarazo en la farmacia y luego examen de sangre de embarazo y todos los exámenes que le piden a las embarazadas con un solo pinchazo por que soy muy cobarde. Con resultados positivos que anunciaban entre 7 y 12 semanas de gestación partí volando al doctor por el sangramiento.

    Sangramiento que duró hasta el quinto mes de embarazo, con hemorragias mes por medio, estuve cuatro meses en cama, estoicamente paralizada, tratando de ni siquiera perder la conciencia en el sueño para no contraer mi útero, luchando por evitar darme de cabezazos contra las paredes. Mi cuerpo estaba inmovilizado luego de parecer un correcaminos. Mi padre ofreció poner un colchón en el living de su casa para mí y no tener que subir escaleras, así me cuidaba mi madre todo el tiempo.

    Natalie por mientras se me aparecía en sueños, a los dos meses y medio supe que sería niña. Mi hija dentro mí estaba sana, viva y para mí ella está por sobre todas las cosas, a pesar de los varios médicos que consulté, que decían: “…es la naturaleza, sobreviven los que vienen bien, es un aborto, cuanto lo siento, no sacas nada con estar en cama, es una pérdida de tiempo, tal vez puede ayudar el reposo pero no te hagas ilusiones, es un caso perdido, siempre ocurre en los primeros meses, no vale la pena el esfuerzo…”, incluso la última vez que supe del doctor naturista al que acudí para prepararme fue una vez que tuve mucho sangramiento hablé con su secretaria de mi urgencia y nunca devolvió el llamado. Estuve expuesta a muchas ecografías para no enloquecer y mantenerme fuerte. Un doctor de apellido Britto coincidió conmigo en el diagnostico y eso me serenó, estudié mucho acerca de qué era lo que sucedía conmigo. Hasta que me recomendaron al doctor Alcalde que se preocupo de aumentar mi optimismo, de fortalecer mi empeño, de evaluar la situación global, de estar siempre dispuesto, coincidió con mi diagnóstico y me dijo que al quinto mes tendría mi veranito de San Juan, lo que sucedió tal cual.

    Me reincorporé al trabajo, anduve luciendo mi guata, tomé acompañada por mi madre un curso de parto natural sin dolor… mi pololo no estaba en Chile… a las 32 semanas y 4 días tuve un sueño: “estaba con Natalie casi recién nacida a la orilla de un río, bañándola y de repente se me escapa de las manos, la buscó en el agua y sin encontrarla me despierto asustada”, al día siguiente a la 1:30 me despierto para ir al baño y me sale agua por la vagina, desde ese momento no dejo de respirar concientemente todo el tiempo, manteniéndome relajada y centrada en el presente comienzo a analizar cada situación a seguir. Primero busco entre el material de mi curso de parto para revisar si lo que me sucedía era parte del proceso normal, como no lo era llamé a mi matrona la cual tranquilamente me ofrece juntarnos en la clínica en una hora más, llamó a mi mamá para que me venga a buscar y me llevé, le pido a la joven que me acompañaba por las noches que prepare mi bolso y espero en cama…

    En la clínica luego de conversar con todos los profesionales involucrados, analizar el mejor procedimiento a seguir y de observar en un doppler que Natalie sufría presión intracraneana con las contracciones indoloras para mí. Decidimos operar (yo siempre había dicho que prefería morir a tener que operarme alguna vez), pensé en ese momento en el sueño y lo interpreté como un anuncio de que ella se me podía ir en el agua que salía de mí. Llamé a mi doctor por que era con el único que me había controlado, vino de su clínica urgentemente, todo estaba muy alborotado, el único médico para ser ayudante de mi doctor era sincrónicamente el doctor Britto. En la sala de cesárea habían como veinte personas queriendo ver como una eminencia trabajaba y asustados por como vendría Natalie.

    Natalie vino con apgar 8 – 9 en muy buenas condiciones, recibida con júbilo por los presentes, recibió por lo menos un regalo diario hasta los dos meses de nacida, despierta todos los días con una sonrisa en sus labios. Agradezco día a día a mis padres por darme la vida y la posibilidad de ser la madre de tan hermosa persona.

    Pero bueno me escapo del tema, Natalie al nacer pasó directamente a una incubadora por distintas razones dadas por los médicos, una tras otra: no succionaba lo suficiente como para mamar, hacía apneas, tuvo ictericia del prematuro y no regulaba temperatura. Mi hija nació a las 17:14 horas y su padre llego a verla a las 03:00 horas a la U.C.I. siendo recibido por un matrón que le dijo de buenas a primeras que su hija tenía daño cerebral, diagnóstico falso por supuesto pero extremadamente dañino para la relación vincular padre – hija. Natalie sí tuvo eco densidades cerebrales pero producto de su inmadurez las cuales desaparecieron con su normal desarrollo, nunca tuvo tal daño cerebral.

    Con el papá de Natalie decidimos sacarla lo antes posible de la clínica, veíamos como dañaban a mi hija con sus falsos diagnósticos, con su falta de seguridad en las capacidades de ella al verla tan chica y por el posible contagio con otros pacientes enfermos por ejemplo con meningitis. Así comenzamos una tarea difícil y agotadora, por un lado los médicos trataban de convencernos o asustarnos con que Natalie podría hasta morir si la sacábamos de la clínica y por otro lado yo tenía que demostrar el ser una buena madre y manejarme bien como tal, siendo reprobada de ante mano por hecho de llevarme a mi hija a casa, sin que pesara los dos kilos necesarios para el alta.

    Con todo logramos que nos entregaran a Natalie luego de que pasara tres días en cuna sin problemas y de que nosotros como padres firmáramos un papel que decía que la llevábamos bajo nuestra responsabilidad.

    Y de ahí en adelante todo muy bien, estuve con mi hija encima mío a lo “canguro” por quince días hasta que subió a dos kilos, nadie entraba a la pieza en donde estábamos, salvo contadas ocasiones con mascarilla. Su padre estuvo una semana para volver a irse de viaje y en la casa de mi madre yo cuidaba a mi hija, mientras mi madre y mi abuela me cuidaban a mí.

    Natalie tenía que hacer mucho esfuerzo al principio para mamar, entonces le daba medio tiempo de pecho y medio tiempo mi leche en mamadera, hasta que estuvo lo suficientemente fuerte, mamo hasta el año dos meses, y sola, cuando se asomaron todos sus dientes ya no quiso mamar más.
    Claudia Monsalve